La explosión mundial de la Inteligencia Artificial está redibujando el mapa de las inversiones globales, y Argentina tiene hoy una ventana de oportunidad inédita para captar capitales en infraestructura digital. La apertura económica impulsada por el Gobierno de Javier Milei y la incorporación de este rubro al régimen de promoción del Súper RIGI colocan al país en una posición mucho más competitiva frente a los hyperscalers internacionales que definen dónde instalar sus centros de datos.
Energía, fibra óptica, capacidad de cómputo y almacenamiento son los pilares que sostienen la economía digital actual. Hasta hace pocos años, Argentina estuvo prácticamente ausente de ese tablero, mientras Brasil y Chile se consolidaban como los grandes hubs regionales de servicios cloud y data centers. La herencia de décadas de kirchnerismo, con cepo cambiario, inseguridad jurídica y aislamiento del mundo, dejó al país out del radar de los grandes inversores tecnológicos.
El RIGI, una herramienta clave para atraer capitales
La decisión de sumar la infraestructura digital como sector beneficiario del Súper RIGI es un paso concreto y necesario en la dirección correcta. El régimen ofrece estabilidad fiscal, previsibilidad regulatoria e incentivos que son exactamente lo que los hyperscalers evalúan antes de elegir dónde poner sus proyectos multimillonarios.
No es un detalle menor: durante años, la falta de reglas claras y la voracidad fiscal del Estado kirchnerista espantaron inversiones que hoy se instalaron en Santiago de Chile o San Pablo. La actual gestión nacional, en cambio, apuesta a revertir ese rezago con señales claras hacia el mundo empresarial: reglas estables, dólar competitivo y menos intervencionismo.
El desafío ahora es que esas señales se traduzcan en obras concretas. Disponibilidad de energía, redes de fibra óptica de calidad y territorio disponible son las variables que todavía requieren desarrollo, sobre todo fuera del eje CABA-GBA, donde hoy se concentra casi toda la infraestructura digital existente en el país.
Una oportunidad que el conurbano no puede desaprovechar
Mientras el Gobierno nacional ordena las variables macroeconómicas y genera un clima de negocios cada vez más atractivo para el capital extranjero, la pregunta que queda flotando es si los gobiernos provinciales y municipales del Gran Buenos Aires están a la altura del desafío.
Con Axel Kicillof al frente de la provincia y buena parte de los intendentes del conurbano todavía anclados en la lógica del clientelismo y la burocracia estatal, persiste el riesgo de que la Provincia de Buenos Aires quede otra vez afuera de las grandes inversiones, tal como sucedió con años de desidia en materia energética e infraestructura.
Los municipios del GBA tienen terrenos, mano de obra calificada y cercanía con los principales puntos de conexión de fibra óptica del país. Pero necesitan gestiones que faciliten la radicación de proyectos, en lugar de trabas burocráticas, presión impositiva local y la inseguridad jurídica que caracteriza a buena parte de la gestión bonaerense.
El tren de la Inteligencia Artificial y la infraestructura digital ya está en marcha a nivel global, y no va a esperar a que la política local se pronga a la altura de las circunstancias. La macroeconomía ordenada, la baja de la inflación y el proceso de apertura que impulsa Milei generaron condiciones que hace pocos años eran impensadas.
Ahora resta que ese impulso nacional se replique en cada rincón del país, incluido el Gran Buenos Aires, donde la dirigencia peronista todavía tiene una gran deuda pendiente: entender que las inversiones no llegan solas, sino que requieren gestión, previsibilidad y decisión política para acompañar el rumbo que ya marcó la Casa Rosada.