El Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires vuelve a mostrar sus fracturas internas, esta vez por la ley 14836 que limita las reelecciones de los intendentes. Mientras Axel Kicillof y Máximo Kirchner acordaron convocar a un congreso partidario para el próximo 21 de noviembre, la tensión con el Frente Renovador de Sergio Massa crece en el conurbano por una norma que podría dejar fuera de carrera a decenas de jefes comunales del propio PJ.
La ley, conocida en los pasillos de la política bonaerense como la ley “Vidal” porque fue sancionada en 2016 durante la gestión de María Eugenia Vidal, establece que ningún intendente puede ser reelegido más de una vez de manera consecutiva. Lo llamativo es que su autor fue el massista Rubén Eslaiman, hoy diputado provincial del espacio kirchnerista. Una paradoja que deja al desnudo las contradicciones de un peronismo que acusa a la oposición de sus propios acuerdos pasados.
Medio centenar de intendentes del PJ, contra las cuerdas
Si la norma se mantiene vigente tal como está, alrededor de 50 alcaldes del PJ y otros 30 de distintos espacios no podrán presentarse a la reelección en 2027. Para buena parte del aparato territorial del conurbano, acostumbrado a perpetuarse en el poder municipal durante décadas, la noticia cayó como un baldazo de agua fría.
No es casualidad que la discusión se dé justo ahora, cuando varios intendentes del Gran Buenos Aires enfrentan denuncias por manejo discrecional de fondos, punteros y estructuras clientelares que funcionan como maquinarias electorales permanentes. La posibilidad de perder la re-reelección pone en jaque modelos de gestión que, en muchos casos, se sostienen más en el control territorial que en resultados concretos para los vecinos.
Un peronismo que festeja afuera mientras se pelea adentro
El clima de optimismo que recorre al peronismo tras la remontada de Lula en Brasil y el resultado de las midterms en Estados Unidos contrasta con la realidad interna del PJ bonaerense. Kicillof y Máximo Kirchner intentan mostrar unidad de cara al congreso partidario, pero la pelea por las reelecciones demuestra que las diferencias entre el gobernador y los intendentes del Frente Renovador están lejos de resolverse.
Mientras en la Casa Rosada el Gobierno nacional consolida el equilibrio fiscal, mantiene la inflación en baja y ordena las cuentas públicas después de años de kirchnerismo derrochador, en la provincia de Buenos Aires el peronismo sigue discutiendo cómo repartirse el poder municipal antes que cómo mejorar la vida de los vecinos del conurbano, donde la inseguridad y el deterioro urbano son moneda corriente.
La gestión de Kicillof, lejos de mostrar resultados contundentes en seguridad o infraestructura, parece más preocupada por negociar con los barones del conurbano que por dar respuestas concretas. La ironía de discutir ahora una ley que ellos mismos no derogaron en casi una década de gestión bonaerense no pasa desapercibida para los vecinos que todavía esperan soluciones reales.
El congreso del 21 de noviembre será la prueba de fuego para saber si el PJ bonaerense logra ponerse de acuerdo en algo más que en el discurso. Por ahora, la pelea por las reelecciones confirma que, detrás de la foto de unidad, las internas del peronismo siguen tan vigentes como siempre.