Otro golpe al bolsillo de la city: la inflación de junio confirma que el plan económico de Milei sigue firme

El Gobierno nacional volvió a mostrar números que hace apenas tres años eran impensados. En junio, la inflación se ubicó en 1,9%, consolidando una tendencia descendente que contrasta de manera brutal con el descalabro que dejó el kirchnerismo antes de retirarse del poder. El ministro de Economía, Luis Caputo, no ocultó su entusiasmo y hasta se permitió un guiño futbolero al celebrar el dato junto a la eliminación de Francia del Mundial: “Inflación 1,9%, el Central compras récord de 532 millones y baile de España a Francia. ¿Podemos decir que hoy es un buen día?”, escribió en su cuenta de X.

Más allá de la broma, el trasfondo es contundente: la macroeconomía argentina sigue ordenándose mes a mes, con superávit fiscal sostenido y un Banco Central que acumula compras récord de reservas. Un escenario que, hace no tanto, ningún economista serio hubiera imaginado después de la fiesta de emisión monetaria y controles de cambio que dejó como legado el Frente de Todos.

Sin embargo, el propio Gobierno reconoce que el camino no está exento de desafíos. La canasta básica subió 2,2%, por encima del promedio general, y una familia tipo necesitó $1.531.473 para no caer en la pobreza. Son cifras que exponen que todavía queda trabajo por hacer, pero que también deben leerse en el contexto de una economía que viene saliendo de una emergencia heredada, con años de atraso tarifario, cepo cambiario y populismo fiscal que destruyeron el poder adquisitivo de los argentinos mucho antes de que La Libertad Avanza llegara a la Casa Rosada.

De hecho, un informe del CEPA reconoce que la remuneración mediana de los salarios registrados creció 305% entre 2023 y 2026, un dato que el propio kirchnerismo prefiere no mencionar cuando sale a criticar la gestión de Milei. Es cierto que rubros como el transporte —con aumentos acumulados de hasta 1926% en el subte— o los servicios muestran subas fuertes, producto inevitable de la normalización de tarifas que durante una década estuvieron pisadas artificialmente para disimular el desastre fiscal del Estado kirchnerista. Sostener esa mentira ya no es una opción: o se pagan los costos reales, o se vuelve al abismo de la timba cambiaria y la emisión descontrolada.

En el plano político, el oficialismo redobla la apuesta con la convicción de que las reformas estructurales son, en sí mismas, la mejor campaña electoral. Karina Milei conduce el armado territorial pensando en una reelección en primera vuelta, evitando así cualquier escenario de polarización riesgosa.

Mientras tanto, en la vereda de enfrente, algunas encuestas ubican a Axel Kicillof como referente de la oposición. Llama la atención que quien hoy se presenta como alternativa sea, justamente, uno de los arquitectos del modelo económico que llevó a la Argentina al borde del colapso durante los últimos gobiernos peronistas. En la provincia de Buenos Aires, además, la inseguridad, el clientelismo y la falta de gestión municipal en buena parte del conurbano siguen siendo la marca registrada de intendentes que administran presupuestos multimillonarios sin resultados visibles para los vecinos.

El desafío para el Gobierno nacional es sostener el rumbo del ajuste ordenado y bajar la inflación de manera definitiva, mientras la oposición peronista bonaerense insiste en mirar para otro lado frente a sus propios fracasos de gestión.