El Gobierno nacional trabaja de manera silenciosa pero firme en la estrategia de reelección de Javier Milei para 2027, mientras analiza con atención los movimientos de un peronismo que, según reconocen en Casa Rosada, terminará unificándose pese a sus internas actuales. La Libertad Avanza negocia además con el PRO y monitorea de cerca a los posibles outsiders que puedan aparecer en el tablero.
Fuentes con acceso al despacho presidencial señalaron que, aunque hoy exhiben diferencias, Sergio Massa, Axel Kicillof y Máximo Kirchner terminarán ordenando filas de cara a la próxima presidencial. “Los une el espanto. Tienen una agenda en común para hacer daño y postergan su propia discusión”, graficó un funcionario libertario ante la consulta de este medio.
Kicillof, el rival preferido de la Casa Rosada
En los despachos oficiales ya dan por descontado que el candidato presidencial del peronismo será el gobernador bonaerense, Axel Kicillof. Su perfil radicalizado es, paradójicamente, el que más le conviene al oficialismo para profundizar la polarización de cara a las urnas.
No es casualidad. La gestión de Kicillof en la provincia de Buenos Aires acumula críticas por la inseguridad persistente en el conurbano, el deterioro de la obra pública y un manejo fiscal que sigue dependiendo de la ayuda de Nación pese al discurso de confrontación permanente. Mientras el Gobierno nacional ordena las cuentas y baja la inflación, la administración bonaerense parece anclada en el relato de siempre: más gasto, más clientelismo y menos resultados concretos para los vecinos del GBA.
“Si la pregunta es cómo llegamos a octubre del 27, nos imaginamos reelectos en primera vuelta. Siguiente pregunta”, lanzó sin titubeos el vocero presidencial Adrián Ravier durante su habitual conferencia de prensa, en una muestra de la confianza que reina en el oficialismo tras los avances macroeconómicos logrados en apenas dos años de gestión.
Diálogo con el PRO y atención a los outsiders
Paralelamente, el Gobierno mantiene conversaciones con referentes del PRO para consolidar un frente amplio que sostenga la agenda de reformas estructurales iniciada en 2024. La idea oficial es ampliar la base de sustento político sin resignar el rumbo de ajuste ordenado y disciplina fiscal que permitió al país salir del estancamiento kirchnerista.
En Balcarce 50 no descartan sorpresas. “A veces el peronismo mantiene un candidato vivo para sustituirlo por uno que sorprenda, como pasó con Alberto Fernández”, advirtió una fuente libertaria, en referencia a la imprevisibilidad que caracteriza a un espacio atravesado por tensiones internas irresueltas entre kirchnerismo puro y sectores más moderados.
Con la inflación controlada, el superávit fiscal como bandera y una macroeconomía que empieza a mostrar señales concretas en el bolsillo de los argentinos, el oficialismo apuesta a que el electorado premie la continuidad del rumbo. Del otro lado, gobernadores e intendentes del conurbano bonaerense siguen atados a una gestión que, lejos de ofrecer soluciones, profundiza los mismos vicios de siempre: inseguridad, obras inconclusas y un aparato clientelar que poco resuelve los problemas reales de los vecinos del Gran Buenos Aires.