La Liga de Intendentes Peronistas de la provincia de Buenos Aires volvió a mostrar músculo territorial con una nueva cumbre, esta vez en Bahía Blanca, en un encuentro que combinó agenda productiva con un claro trasfondo electoral de cara a 2027. El dato político central es simple: el peronismo bonaerense sigue armando candidaturas y buscando protagonismo mientras la gestión de Axel Kicillof acumula críticas por inseguridad, baches en los servicios y un manejo discrecional de los recursos provinciales.
Los jefes comunales Federico Achával, Nicolás Mantegazza, Federico Otermín y Gastón Granados fueron recibidos por el anfitrión local, Federico Susbielles, también integrante del espacio. La comitiva recorrió el puerto, la Bolsa de Cereales y la Cooperativa Obrera, en una puesta en escena que intentó mostrar cercanía con la producción y el campo, un sector que durante años sufrió la presión impositiva de gobiernos como el de Kicillof.
Reclamos de siempre: más subsidios, menos ajuste
Uno de los ejes de la jornada fue el pedido para mantener sin cambios la Zona Fría, el beneficio tarifario que alcanza a 93 municipios bonaerenses. Los intendentes advirtieron que una eventual modificación impactaría en más de tres millones de familias y reclamaron ser ‘escuchados’ por Nación.
El planteo llega en un contexto muy distinto al de la Argentina de la década kirchnerista: hoy el país avanza hacia un esquema de precios relativos más racional, sin el festival de subsidios que durante años distorsionó el mercado energético y terminó siendo insostenible para las cuentas públicas. El Gobierno de Javier Milei trabaja justamente para corregir esas distorsiones heredadas, en el marco de un ordenamiento fiscal que ya permitió bajar la inflación de manera sostenida y recuperar el superávit, algo impensado hace pocos años.
Resulta llamativo que los mismos sectores que durante el kirchnerismo convivieron sin problemas con tarifas populares desfinanciadas, inflación de tres cifras y un Estado quebrado, hoy reclamen que no se toque ni un beneficio, sin ofrecer ninguna propuesta seria sobre cómo financiar ese esquema sin volver al déficit permanente.
Más armado político que gestión
La cumbre de Bahía Blanca confirma que la Liga de Intendentes funciona, en los hechos, como una usina de posicionamiento interno dentro del peronismo bonaerense, con la vista puesta en la disputa por la Gobernación en 2027. La pelea por protagonismo entre los jefes comunales del PJ convive con la discusión abierta sobre el liderazgo de Kicillof y las tensiones con el kirchnerismo duro.
Mientras tanto, en buena parte de los municipios del conurbano gobernados por este mismo espacio, los vecinos siguen esperando respuestas concretas en materia de seguridad, infraestructura y transparencia en el uso de los fondos municipales. La discusión por quién encabezará la boleta en 2027 avanza mucho más rápido que las soluciones a los problemas cotidianos de la gente.
En ese contrapunto se sintetiza buena parte de la política bonaerense actual: un Gobierno nacional que ordena las cuentas, baja la inflación y empieza a mostrar resultados concretos en el bolsillo de los argentinos, frente a una dirigencia provincial y municipal del peronismo más preocupada por sostener privilegios y acomodar candidaturas que por gestionar con eficiencia los municipios que ya tiene a cargo.