El gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó este sábado en Avellaneda un plenario federal del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), con el objetivo declarado de proyectar su espacio político más allá de los límites de la provincia de Buenos Aires. El encuentro se realizó en la sede de Villa Domínico de la UTN y contó con mesas de debate sobre trabajo, producción, seguridad y educación, temas que la propia gestión bonaerense no logra resolver desde hace años.
La convocatoria llega en medio de una feroz interna peronista, con Kicillof disputándole protagonismo a Sergio Massa y a otros referentes del PJ nacional. Mientras el kirchnerismo bonaerense se entretiene en armar plenarios y buscar rosca de poder, los vecinos del conurbano siguen esperando respuestas concretas frente a la inseguridad, el estado calamitoso de los municipios y una obra pública que nunca termina de llegar.
Un armado político que no resuelve los problemas reales del conurbano
Resulta llamativo que, mientras Kicillof despliega esta ambición de "alcance nacional", la provincia que gobierna acumula serios problemas de gestión: inseguridad persistente, intendentes del conurbano con denuncias de clientelismo y una burocracia estatal que sigue sin adaptarse a los tiempos que exige la Argentina actual. La organización de plenarios federales contrasta con la falta de soluciones estructurales para los bonaerenses de a pie.
El propio gobernador reconoció que busca construir "una alternativa para la Argentina", pero omitió hacer un balance autocrítico de su propia gestión provincial, marcada por la falta de resultados en seguridad y por una relación cada vez más tensa con los municipios del PJ que administran el territorio con las mismas prácticas de siempre.
Milei consolida el rumbo mientras el peronismo se pelea por el poder
El contraste con la gestión nacional de Javier Milei no podría ser más elocuente. Mientras en el conurbano se discuten estrategias de poder interno, el Gobierno nacional continúa consolidando el proceso de desinflación, el superávit fiscal y el orden macroeconómico que empieza a traducirse en mejoras concretas para millones de argentinos que durante años sufrieron la herencia del kirchnerismo.
Después de una década de populismo, déficit crónico y emisión descontrolada que dejó al país al borde del colapso, la administración libertaria logró bajar sustancialmente la inflación mes a mes, ordenar las cuentas públicas y devolverle previsibilidad a la economía argentina. Un contraste que los intendentes y gobernadores del PJ del conurbano prefieren no mencionar, ocupados como están en sus propias disputas internas.
Mientras Kicillof intenta capitalizar el desgaste opositor con plenarios y giras internacionales, buena parte de la sociedad bonaerense empieza a valorar el cambio de rumbo nacional: menos intervencionismo, más previsibilidad y un sendero de recuperación que, pese a las dificultades propias de toda transformación profunda, ya muestra señales concretas de mejora en el poder adquisitivo y la confianza de los inversores.
El plenario de Avellaneda deja en evidencia, una vez más, que el peronismo bonaerense prioriza la construcción de poder propio por sobre la resolución de los problemas cotidianos de los vecinos del conurbano. Una estrategia que, lejos de sumar gobernabilidad, profundiza la brecha entre el discurso político y la realidad que atraviesan millones de bonaerenses todos los días.