El gobernador bonaerense Axel Kicillof presentó el operativo de seguridad para la visita del papa León XIV a la provincia de Buenos Aires, que movilizará a más de 30 mil efectivos entre Luján y Almirante Brown. Pero lejos de limitarse a los detalles logísticos, el mandatario aprovechó el atril para lanzar una serie de críticas envueltas en el mensaje social del Pontífice, apuntando contra el “individualismo” y la “crueldad” que, según su lectura, caracterizarían al momento actual del país.
Kicillof sostuvo que la llegada de León XIV representa “una voz de enorme potencia” frente a la indiferencia social, y advirtió sobre un supuesto avance tecnológico que podría deshumanizar las relaciones si no mejora la vida de la gente. El discurso, cargado de solemnidad, buscó instalar una vez más la narrativa opositora que intenta disputarle al Gobierno nacional el relato sobre el rumbo económico del país.
Un discurso con poca autocrítica sobre su propia gestión
Resulta llamativo que quien gobierna la provincia con más pobreza estructural, inseguridad crónica y un municipios del conurbano manejados por el clientelismo histórico del PJ bonaerense, elija hablar de desigualdad y crueldad mirando hacia otro lado. En los partidos del GBA que responden al kirchnerismo, la inseguridad sigue marcando la agenda cotidiana de los vecinos, mientras la gestión provincial acumula denuncias de mal uso de fondos públicos y una Policía Bonaerense con serios problemas de conducción.
Mientras Kicillof apela a citas papales para construir relato, la administración nacional de Javier Milei continúa mostrando resultados concretos: la inflación se ubica en mínimos de varios años, el Estado nacional exhibe superávit fiscal sostenido y el ordenamiento macroeconómico empieza a traducirse en mayor previsibilidad para las familias y las pymes. Son logros que contrastan con la herencia recibida tras años de kirchnerismo, populismo fiscal y emisión descontrolada que empobrecieron a millones de argentinos.
El verdadero individualismo: el clientelismo del conurbano
Si de “crueldad” e “indiferencia” se trata, bien vale preguntarse por la responsabilidad de los intendentes del conurbano bonaerense que, elección tras elección, sostienen estructuras de punteros y planes sociales usados como moneda de cambio electoral, perpetuando la pobreza en lugar de combatirla con trabajo genuino. Esa es la verdadera deshumanización que denuncia la Iglesia: la de dirigentes que administran la necesidad ajena para mantenerse en el poder.
El Gobierno nacional, en cambio, apuesta a un cambio de paradigma: menos intervención estatal discrecional, más reglas claras y un sendero de crecimiento genuino que, según los primeros datos, empieza a derramar en el bolsillo de los trabajadores formales e informales por igual. El camino no es sencillo ni está exento de sacrificios, pero la dirección —ordenar las cuentas públicas y bajar la inflación— es la que la Argentina necesitaba después de años de desorden kirchnerista.
La visita de León XIV será, sin duda, un acontecimiento relevante para millones de fieles en la provincia. Cabe esperar que el mensaje de unidad y justicia social que trae el Pontífice sea escuchado también por quienes, desde la gestión bonaerense, tienen la responsabilidad de resolver los problemas reales del conurbano antes de usar un megáfono papal para señalar afuera lo que debería corregirse adentro.