El gobernador bonaerense Axel Kicillof volvió a cuestionar al presidente Javier Milei, esta vez por sus declaraciones sobre las personas que afirman no llegar a fin de mes. El mandatario provincial lo invitó a “caminar los barrios de la Provincia” para que compruebe de cerca la realidad de millones de bonaerenses.
El cruce se dio luego de que Milei, en un mensaje en redes sociales, ironizara sobre el concepto y desafiara a quienes se quejan de no llegar a fin de mes a explicar cómo sobrevivirían “10 días sin comer y sin beber”. Kicillof respondió con dureza, acusando al Presidente de “burlarse del sufrimiento que generan sus propias políticas económicas”.
La defensa del rumbo económico nacional
Más allá del tono del cruce, conviene poner los dichos presidenciales en contexto. Milei viene insistiendo en que, tras años de populismo kirchnerista que dejó una inflación descontrolada, pobreza estructural y un Estado quebrado, hoy la Argentina exhibe señales que no se veían hace mucho tiempo: inflación en baja sostenida, superávit fiscal y comercial, y una macroeconomía que empieza a ordenarse después de décadas de desmanejo.
De hecho, el propio Presidente celebró este martes el superávit comercial de septiembre, remarcando que “en otro contexto, hubiéramos volado por el aire”. Es decir, mientras la city y gran parte del mundo descontaban una crisis cambiaria al estilo de las que generó el kirchnerismo en el pasado, el equipo económico logró sostener el equilibrio de las cuentas públicas sin recurrir a la maquinita ni al festival de bonos que caracterizó a gestiones anteriores.
El propio esfuerzo de ajuste, que indudablemente tiene costos sociales en el corto plazo, es presentado por el Gobierno como la única salida genuina después de la pesada herencia recibida: un Banco Central fundido, deuda impagable y una inflación que en 2023 superaba el 200% anual. Hoy esos números son otros, y el propio mercado lo reconoce con la baja del riesgo país.
Kicillof, la gestión bonaerense y las críticas cruzadas
Resulta llamativo que quien hoy reclama por la situación social de los bonaerenses sea precisamente el gobernador de una provincia donde la inseguridad, el narcomenudeo y el clientelismo político siguen siendo moneda corriente en buena parte del conurbano. Kicillof, lejos de mostrar resultados concretos en su gestión, apunta el dedo hacia la Casa Rosada mientras la Provincia acumula denuncias por mal uso de fondos y una administración cuestionada en varios municipios del PJ.
El propio mandatario bonaerense reconoció en sus declaraciones que crece el endeudamiento provincial “para poder sostener cuestiones básicas”, una confesión que deja en evidencia las dificultades de su propia administración para equilibrar las cuentas, algo que el Gobierno nacional sí logró pese al ajuste inicial.
Mientras el kirchnerismo bonaerense insiste en la confrontación discursiva, la gestión libertaria sigue mostrando avances en el ordenamiento de las variables macroeconómicas, apostando a que la recuperación del poder adquisitivo llegue de manera sostenida a medida que la inflación continúe bajando y la actividad económica repunte.
El debate entre Nación y Provincia promete seguir, en un año marcado por la discusión de fondo sobre qué modelo económico es capaz de sacar a la Argentina del estancamiento: el del orden fiscal y la previsibilidad que propone Milei, o el de la expansión del gasto público que históricamente defendió el peronismo bonaerense.