Kicillof admite el golpe electoral y crecen las tensiones internas en el peronismo tras la derrota inesperada

La escena en la avenida 51 de La Plata fue diametralmente opuesta a la vivida el pasado 7 de septiembre. Sobre el mismo escenario que un mes y medio antes había albergado un acto multitudinario, esta vez subieron apenas once dirigentes, en una postal que sintetizó el desconcierto frente a una derrota que no figuraba en los cálculos previos. Axel Kicillof fue el único orador de la noche, acompañado por Máximo Kirchner, Sergio Massa, Verónica Magario, Julio Alak, Jorge Taiana y postulantes de la lista de Fuerza Patria. “Se equivoca Milei si festeja este resultado donde seis de cada 10 argentinos han dicho que no están de acuerdo con el modelo que propone”, afirmó el gobernador, quien también hizo referencia a Cristina Kirchner en su breve mensaje de agradecimiento. El resultado agitó aún más la relación desgastada entre ambos, ya afectada por los reproches ligados al desdoblamiento electoral en la provincia.

Hasta entrada la tarde, ningún sector del peronismo imaginaba un desenlace adverso. La mayoría de los dirigentes que ingresaban al búnker del hotel Grand Brizo mantenía una prudencia medida, pero coincidía en que Fuerza Patria volvería a imponerse, aunque con una brecha menor a la de septiembre. Hablaban de una ventaja de entre cinco y ocho puntos. La confirmación de la derrota disparó inmediatamente los primeros pases de factura. “No se desdobla, nunca, y menos habiendo quitado las PASO, porque la elección adelantada funciona como eso. Y los intendentes juegan una vez, no dos”, sostuvo ante Clarín uno de los referentes con línea directa con Cristina Kirchner. Otro dirigente alineado con la ex presidenta coincidió en el cuestionamiento, aunque con más cautela: “Siempre el peronismo tiene que ir concurrente. Nos cansamos de decirlo. Pero por ahora prudencia”. También evitó responsabilizar de lleno a los intendentes, al recordar que “a ellos también los afecta”.

Los números confirmaron una caída generalizada en relación a la elección provincial adelantada. Sin el arrastre de las boletas municipales, la brecha entre ambos comicios resultó evidente en varios distritos del conurbano. En Avellaneda, Fuerza Patria había ganado por 39 puntos y ahora lo hizo por 12; en Quilmes pasó de 17 a 10; mientras que en La Matanza la diferencia se redujo de 25 a 21 puntos. En toda la provincia, el espacio superó en septiembre los 3,8 millones de votos, mientras que anoche, con casi el 98% de las mesas escrutadas, apenas sobrepasaba los 3,5 millones. Desde el entorno del gobernador atribuían la caída al clima nacional: “El resultado se explica por la polarización. Y la estrategia claramente no funcionó. Ni en la provincia de Buenos Aires ni en gran parte del país”. Un funcionario bonaerense fue más categórico: “Nosotros estuvimos afuera de las decisiones. No pusieron representantes de los intendentes y no bancaron la gestión de la provincia”.

Minutos antes de las 21, Juan Grabois salió al escenario para reconocer los resultados adversos: “En las buenas y en las malas voy a plantear lo mismo. Tenemos que seguir combatiendo a un gobierno inhumano”. La derrota provincial fue acompañada por un panorama igualmente negativo en otras jurisdicciones donde el peronismo esperaba un mejor rendimiento, como Chaco, Entre Ríos, Salta, Tierra del Fuego, Santa Fe y La Rioja. Fuerza Patria logró retener terreno en Capital —donde sumó un diputado— y celebró victorias en Santa Cruz, San Juan, Catamarca, Formosa, Tucumán, La Pampa y Río Negro, aunque en el balance general perdió seis senadores (de 34 a 28) y mantuvo sus 98 diputados nacionales.

Con la mirada puesta en la reorganización del espacio y en las discusiones que perfilarán su liderazgo hacia 2027, el peronismo también deberá encarar un reacomodamiento institucional. En el Congreso, habrá renovación de autoridades tanto en el ámbito nacional como en el bonaerense. En paralelo, Kicillof evalúa cambios en su Gabinete antes de fin de año y se abre un debate sobre cargos estratégicos como la Auditoría General de la Nación y la presidencia del PJ bonaerense, actualmente conducida por Máximo Kirchner.