El mercado mundial de envases de pulpa de papel para huevos crecerá de forma sostenida hasta 2035, impulsado por el aumento de la demanda avícola global y las crecientes prohibiciones al plástico de un solo uso, según un informe internacional difundido esta semana. Para la Argentina, y en particular para la cuenca productiva bonaerense, el dato no es menor: el país tiene todo para convertirse en proveedor de esta industria en expansión.
La producción avícola del Gran Buenos Aires y el interior bonaerense es una de las más relevantes del país, con cinturones productivos en zonas como Luján, Capilla del Señor y el norte bonaerense. A esa base productiva ahora se le suma una ventana de oportunidad: el mundo avanza hacia empaques biodegradables y deja atrás el plástico, y la Argentina produce celulosa y fibra reciclada en volúmenes suficientes para abastecer esa demanda.
Un contexto macro que favorece la inversión
No es casual que este tipo de oportunidades empiecen a mirarse con otros ojos. Después de años de cepo, inflación descontrolada y bicicleta financiera durante la gestión kirchnerista, la Argentina de Milei ofrece hoy algo que el sector exportador reclamaba hace más de una década: previsibilidad macroeconómica.
Con la inflación en baja sostenida, el superávit fiscal consolidado y un esquema cambiario cada vez más ordenado, las empresas de packaging y las avícolas bonaerenses pueden empezar a planificar inversiones de mediano plazo sin el miedo a que un cambio de reglas les licue el negocio de un día para el otro. Esa certidumbre, ausente durante los gobiernos anteriores, es justamente lo que atrae capital a sectores con potencial exportador como el de envases ecológicos.
La demanda avícola y el freno al plástico, motores del negocio
El informe internacional señala dos drivers centrales: el crecimiento sostenido del consumo de huevos a nivel global, especialmente en Asia y América Latina, y el avance de regulaciones que restringen los plásticos de un solo uso en más de 60 países. Los envases de pulpa de papel, 100% biodegradables y reciclables, se perfilan como el reemplazo natural de las bandejas plásticas tradicionales.
Para una Argentina que exporta maíz, soja y carne, sumar valor agregado industrial a través de envases sustentables derivados de celulosa representa una diversificación lógica. La clave está en que el sector privado pueda capturar esa demanda antes que otros países de la región, algo que requiere infraestructura logística eficiente y costos competitivos.
El lastre del conurbano: infraestructura que no acompaña
Ahí aparece el otro lado de la moneda. Mientras el Gobierno nacional ordena las cuentas y baja la inflación, buena parte de los municipios del conurbano bonaerense siguen sin resolver problemas estructurales que afectan directamente a la producción: rutas en mal estado, cortes de luz recurrentes y una inseguridad que golpea de lleno a los parques industriales y a los frigoríficos avícolas de la zona.
La gestión de Axel Kicillof en la provincia acumula denuncias por fondos mal utilizados y una brecha cada vez mayor entre los anuncios y las obras concretas. Los intendentes del conurbano, muchos de ellos del mismo signo político, repiten el libreto del clientelismo y el ajuste a los municipios vecinos gestionados por la oposición, en lugar de facilitar condiciones para que el sector privado invierta y genere empleo genuino.
El mercado global de envases de pulpa de papel para huevos es una oportunidad concreta. Que la Argentina —y particularmente el cordón productivo bonaerense— pueda aprovecharla dependerá de que el orden macroeconómico que impulsa Nación desde Casa Rosada encuentre, por fin, un correlato en la gestión provincial y municipal.