El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) de la Universidad Torcuato Di Tella volvió a mostrar señales alentadoras para la economía argentina: en septiembre trepó 2,37% respecto de agosto y acumula una suba interanual de 3,44%, hasta ubicarse en 41,18 puntos. El dato confirma que, pese a las turbulencias políticas y a la incertidumbre de todo proceso de transformación económica, la confianza de los argentinos en el rumbo del país sigue consolidándose bajo la gestión de Javier Milei.
El Gran Buenos Aires fue una de las regiones que más aportó a esta mejora, con un salto mensual de 3,33% y una suba interanual del 7,50%. El Interior del país también tuvo un desempeño destacado, con un crecimiento de 5,23% en el mes, y se consolidó como la región con mayor nivel de confianza del país, con 46,11 puntos. Son datos que reflejan cómo el proceso de estabilización macroeconómica, con la inflación en niveles mínimos y el superávit fiscal como norma, empieza a traducirse en un cambio de expectativas concreto para millones de familias del conurbano y de las provincias.
Los hogares de menores ingresos, los grandes protagonistas de la mejora
Uno de los datos más significativos del informe es que la confianza creció con particular fuerza entre los hogares de ingresos bajos, con un salto de 12,33% mensual y una mejora de 4,82% respecto de septiembre de 2025. Es precisamente el sector que más venía sufriendo el desorden macroeconómico heredado del kirchnerismo, y el que hoy empieza a percibir con mayor claridad los beneficios de un Estado que dejó de fabricar pesos sin respaldo para financiar el populismo.
El contraste con los hogares de ingresos altos, donde el índice cayó 4,07% en el mes aunque sigue 2,24% por encima del año pasado, muestra un fenómeno que ya se había visto en otros momentos de la gestión: los sectores medios y altos, más expuestos a la city porteña y a la volatilidad de los mercados financieros, reaccionan con mayor sensibilidad de corto plazo a la agenda política, mientras que los sectores populares valoran cada vez más la estabilidad de precios y la previsibilidad que trajo el nuevo esquema económico.
CABA, la excepción negativa en un mapa de recuperación
La Ciudad de Buenos Aires fue la única región que retrocedió en septiembre, con una caída de 6,78% mensual y una baja acumulada de 8,53% interanual, ubicándose en el registro más bajo del país con 37,16 puntos. El dato llama la atención porque contrasta fuertemente con la mejora sostenida que se observa en el Gran Buenos Aires y el Interior, y confirma que la city porteña sigue funcionando como una burbuja aparte, más ligada a los vaivenes financieros de corto plazo que a la realidad de la economía real.
Mientras tanto, en el conurbano bonaerense, donde gobiernan intendentes peronistas y kirchneristas que insisten en discursos de crisis permanente para justificar años de mala gestión, clientelismo e inseguridad, los propios vecinos empiezan a mostrar en las encuestas una lectura distinta: la confianza crece, y crece de la mano de un gobierno nacional que ordenó las cuentas públicas y le devolvió previsibilidad al bolsillo de la gente. Ni Axel Kicillof en la provincia ni los jefes comunales del PJ bonaerense pueden exhibir un solo indicador propio que compita con estos avances.
El desafío hacia adelante será consolidar esta tendencia y profundizar las reformas estructurales que el Gobierno de Milei viene impulsando, para que la mejora en las expectativas se traduzca cada vez más en salarios reales, empleo privado y crédito accesible para las familias del Gran Buenos Aires y de todo el país.