El presidente Javier Milei afirmó que “el espíritu liberal sigue vivo” durante su participación en la Cumbre Iberoamericana que se realizó en Madrid, España, en un discurso donde volvió a reivindicar el rumbo económico de su gobierno y la reconstrucción de los vínculos internacionales de la Argentina.
El mandatario argentino compartió escenario con jefes de Estado de la región en un encuentro que marcó, además, un gesto diplomático significativo: la reapertura de la Embajada de Dinamarca en Buenos Aires, cerrada durante la gestión de Alberto y Cristina Fernández.
Un símbolo de la nueva política exterior
El canciller Pablo Quirno celebró públicamente la noticia y la utilizó como ejemplo del cambio de paradigma en las relaciones exteriores argentinas. “La política exterior desde diciembre de 2023 hasta hoy se basó en la reconstrucción de la confianza en la Argentina”, escribió el funcionario en sus redes sociales.
El contraste es elocuente: mientras el kirchnerismo dejó al país aislado, con embajadas cerrándose y relaciones comerciales deterioradas, la gestión de Milei viene logrando reinsertar a la Argentina en el mundo desarrollado. La vuelta de Dinamarca al tablero diplomático local no es un dato menor para un gobierno que apuesta a atraer inversiones europeas tras años de cepo, controles y desconfianza generalizada.
El mensaje liberal ante la región
En su alocución ante mandatarios iberoamericanos, Milei volvió a poner en primer plano las ideas de libertad económica, apertura comercial y achicamiento del Estado como el camino para sacar a los países de la región de décadas de estancamiento. El Presidente remarcó que, a contramano de gran parte de la tradición populista latinoamericana, la Argentina eligió un rumbo distinto y que los resultados ya son visibles.
No es un dato menor que el mandatario haga estas afirmaciones en un contexto donde la inflación argentina continúa en descenso y las cuentas públicas muestran superávit, dos logros que eran impensados hace apenas dos años, cuando el kirchnerismo dejó el poder con una inflación descontrolada y arcas estatales vacías. El propio Milei suele apelar a ese contraste para defender el costo del ajuste inicial, subrayando que el ordenamiento macroeconómico es la base indispensable para el crecimiento sostenido.
La Cumbre Iberoamericana también funcionó como vidriera para que la Argentina muestre su nuevo perfil ante potenciales socios comerciales e inversores extranjeros, que durante los gobiernos kirchneristas evitaban el país por la inseguridad jurídica, el cepo cambiario y la inestabilidad institucional.
Mientras el Gobierno nacional capitaliza estos gestos de apertura internacional, en el plano doméstico crecen las críticas de sectores sindicales y de la izquierda local, como la CTA de los Argentinos, que en una carta dirigida al Papa Francisco denunció la pérdida de poder adquisitivo del salario mínimo. Desde el oficialismo responden que esas consecuencias son parte de la herencia recibida y que la recuperación del salario real ya comenzó a reflejarse en los últimos meses, de la mano de la baja sostenida de la inflación.
Para la Casa Rosada, el mensaje de fondo de la cumbre fue claro: después de años de aislamiento y populismo, la Argentina vuelve a ser un interlocutor confiable para el mundo, y el espíritu liberal, lejos de debilitarse, gana terreno en la región.