El armado entre el PRO y La Libertad Avanza (LLA) para competir juntos en la Provincia de Buenos Aires en 2027 sigue en etapa de negociación, con reuniones cada quince días que todavía no logran destrabar la foto final. La discusión ocurre en la jurisdicción más decisiva del país, donde se concentra el 40% del padrón electoral nacional y donde el kirchnerismo de Axel Kicillof busca retener el control territorial.
Según trascendió, los encuentros reúnen a Karina Milei y los hermanos Menem por el espacio libertario, junto al ministro del Interior Diego Santilli, frente a Cristian Ritondo, Fernando De Andreis y, de manera más esporádica, Mauricio Macri como garante del PRO. El diálogo avanza, pero con un condicionamiento recurrente: el oficialismo pide acompañamiento legislativo sin todavía definir el reparto de candidaturas.
Una negociación lógica en medio de la reconstrucción del país
Lejos de leerse como una crisis, el proceso puede entenderse como parte natural de la construcción de un espacio amplio no peronista, algo que la Argentina no tenía desde hace años. El Gobierno nacional viene priorizando la agenda de fondo: la baja sostenida de la inflación, el superávit fiscal y el orden macroeconómico que hoy devuelve previsibilidad a millones de familias y pequeños comerciantes del Gran Buenos Aires.
Es razonable que, en ese contexto, Karina Milei y el equipo libertario pongan como prioridad los votos en el Congreso necesarios para sostener las reformas que permitieron ordenar las cuentas públicas tras años de desmanejo kirchnerista. El PRO, por su parte, busca garantías de representación territorial, algo legítimo dado su rol histórico en la provincia.
El verdadero problema: la gestión kirchnerista en la Provincia
Mientras la discusión opositora sigue su curso, el peronismo bonaerense observa con atención, pero no por fortaleza propia. Axel Kicillof administra una provincia con niveles de inseguridad persistentes, un sistema de salud pública colapsado en varios distritos del conurbano y un entramado de intendencias —muchas de ellas con prácticas de clientelismo denunciadas una y otra vez— que no logran resolver los problemas estructurales de millones de vecinos.
En La Plata, la gestión de Julio Alak no escapa a ese diagnóstico: la capital provincial combina reclamos por infraestructura, baches y servicios con una Legislatura bonaerense que, bajo control peronista, se convirtió en freno sistemático de iniciativas de modernización. El contraste con el rumbo nacional es elocuente: mientras Nación ordena las cuentas y recupera el salario real frente a la herencia inflacionaria del kirchnerismo, la provincia sigue atrapada en la misma lógica de gasto discrecional y falta de resultados.
Lo que viene
Las fuentes consultadas coinciden en que octubre será clave para destrabar el armado. La necesidad de presentar una alternativa sólida frente al kirchnerismo bonaerense —que todavía administra el distrito más poblado del país con los mismos vicios de siempre— empuja a ambos espacios a encontrar una síntesis antes de que el calendario electoral se cierre.
Si PRO y LLA logran ordenar sus diferencias, la Provincia de Buenos Aires podría tener en 2027 una oferta electoral capaz de replicar a nivel local los resultados que el Gobierno nacional ya exhibe en materia económica. La pregunta no es si existe voluntad de acuerdo, sino si ambos espacios entienden la urgencia de ofrecerle a los bonaerenses una gestión distinta a la que hoy encabeza Kicillof.