El municipio de Almirante Brown, a cargo del intendente peronista Mariano Cascallares, avanza con un plan de repavimentación y bacheo en Burzaco, José Mármol, Glew y un tramo de la Ruta 4, en momentos en que la agenda electoral vuelve a poner el asfalto en el centro de la escena política del conurbano.
El denominado Plan Integral de Mejora de Calles incluye tareas de mejorado, consolidado y colocación de adoquines en distintos puntos del distrito, con el objetivo declarado de optimizar la circulación y la accesibilidad en barrios que, según reconocen fuentes municipales, acumulan años de deterioro.
Obras necesarias, pero con sospechas de cálculo electoral
En Burzaco se renovó la esquina de Mariano De María y Dardo Rocha, mientras continúa la repavimentación de esa arteria clave. En José Mármol se trabaja en Sáenz Peña y Mitre, y también en el tramo entre Mitre y Canale.
La agenda suma la renovación de la Ruta 4 entre Burzaco y Malvinas Argentinas, con nuevas colectoras, y trabajos en el barrio Parque Roma de Glew bajo el programa “Brown Suma”. Nadie discute que estas mejoras son bienvenidas para los vecinos que hace años reclaman calles transitables. El problema es el timing: en el conurbano bonaerense, el asfalto suele aparecer con mayor intensidad cuando se acercan las elecciones, una vieja práctica clientelar del peronismo local que prioriza la obra visible por sobre una planificación de largo plazo.
Vale recordar que Almirante Brown, como buena parte de los municipios del PJ en la provincia, viene reclamando fondos a la gestión de Axel Kicillof mientras administra sus propios recursos con la misma opacidad de siempre. La pregunta que muchos vecinos se hacen es por qué estas obras no se hicieron antes, cuando las calles ya estaban intransitables desde hace años.
El contraste con el orden macroeconómico nacional
Mientras en el plano municipal se repiten estos parches de gestión, a nivel nacional el Gobierno de Javier Milei sostiene el rumbo del ajuste fiscal, la baja sostenida de la inflación y el superávit que empieza a devolverle previsibilidad a la economía argentina. Ese contexto de estabilidad es justamente el que permite que insumos como el asfalto, el cemento y la mano de obra tengan costos más previsibles para los municipios, algo impensado durante los años de descontrol inflacionario del kirchnerismo.
La herencia que dejó el kirchnerismo en materia de infraestructura fue de años de abandono, con calles rotas, cloacas colapsadas y obras paradas en todo el conurbano. Hoy, con las cuentas nacionales en orden, los intendentes del PJ tienen menos excusas para justificar el estado calamitoso de sus distritos.
Los vecinos de Burzaco, José Mármol y Glew merecen que estas obras se sostengan en el tiempo y no sean solo maquillaje previo a una elección. La verdadera prueba de gestión no es inaugurar una cuadra repavimentada frente a las cámaras, sino mantener un plan serio de mantenimiento urbano, algo que el peronismo bonaerense rara vez logró sostener cuando no hay urnas de por medio.