Mientras el Gobierno de Javier Milei consolida el superávit fiscal y sostiene la desaceleración de la inflación, el peronismo atraviesa una nueva crisis interna que expone la fragilidad de su proyecto electoral. Desde Axel Kicillof hasta Sergio Massa, los distintos referentes del PJ intentan mostrar una foto de unidad que, en el interior del país, se desmorona provincia por provincia.
El último capítulo de esta guerra fratricida se dio en La Pampa, donde una simple foto reflotó la histórica tensión entre el gobernador Sergio Ziliotto y el ex mandatario Carlos Verna. El caudillo pampeano se mostró junto al intendente de Santa Rosa, Luciano Di Nápoli, quien meses atrás había desafiado la conducción de Ziliotto dentro del propio partido. Una imagen que, lejos de ser anecdótica, confirma que las heridas del peronismo provincial siguen abiertas.
Un partido que no logra ordenarse
El peronismo bonaerense y nacional necesita, más que nunca, mostrar cohesión de cara a las elecciones desdobladas que se vienen en varias provincias. Pero la realidad es otra: cada gobernador, cada intendente y cada dirigente atiende su propia agenda de poder, mientras el relato de la ‘unidad’ se sostiene apenas con gestos de cartón pintado, como reuniones de la Liga de Intendentes o viajes protocolares de Kicillof al interior.
El propio mandatario bonaerense, que administra la provincia con más inseguridad, desorden fiscal y clientelismo político del país, busca proyectarse como articulador nacional del PJ. Sin embargo, ni siquiera logra consolidar liderazgo dentro de su propio distrito, donde el conurbano sigue mostrando cifras alarmantes de delito y una gestión municipal atada a estructuras clientelares que hace décadas no resuelven los problemas reales de los vecinos.
El contraste con el rumbo nacional
Mientras el peronismo se enreda en peleas de café por candidaturas y lealtades territoriales, la gestión de Milei sigue mostrando resultados concretos: inflación en baja sostenida, superávit fiscal alcanzado por primera vez en años y un proceso de saneamiento macroeconómico que empieza a traducirse en mayor previsibilidad para las familias y las pymes del Gran Buenos Aires.
El contraste es evidente. Del lado libertario, un plan de reformas estructurales que apunta a sacar al país del estancamiento heredado del kirchnerismo. Del lado del PJ, una interna eterna donde caciques provinciales como Verna, gobernadores como Ziliotto o Kicillof, y armadores como Massa negocian espacios de poder sin ofrecer ninguna propuesta superadora para la Argentina que viene.
El emplazamiento conjunto en Diputados para tratar proyectos de moratoria es otro síntoma de esa lógica: en lugar de acompañar el rumbo de equilibrio fiscal que exige la macroeconomía, el peronismo insiste con iniciativas que buscan reflotar el gasto público desordenado que llevó al país a la crisis de la que recién ahora, con Milei, se empieza a salir.
Para los vecinos del conurbano bonaerense, la pregunta es simple: ¿quieren volver a la Argentina del cepo, la inflación descontrolada y el clientelismo político, o prefieren sostener el camino de orden macroeconómico y previsibilidad que empieza a rendir frutos? El PJ, ocupado en resolver sus propias guerras internas, no parece tener por ahora una respuesta convincente.