El gobernador bonaerense Axel Kicillof estuvo en Misiones en una visita que el propio gobierno provincial intentó despolitizar, pero que en los hechos se enmarca en la incipiente carrera hacia las presidenciales de 2027. El ministro coordinador de Gabinete misionero, Carlos Sartori, brindó un balance de la jornada y no ahorró elogios hacia el mandatario del Frente Renovador-kirchnerista.
Según relató el funcionario, la comitiva recorrió la Escuela de Innovación, la Biofábrica y mantuvo encuentros con el sector agroindustrial. Sartori destacó especialmente el paso de Kicillof por el sector yerbatero durante su gestión como ministro de Economía de Cristina Fernández de Kirchner, un período que en Misiones se recuerda menos por la política yerbatera y mucho más por la inflación descontrolada y el cepo cambiario que asfixiaron a los productores del interior.
El curioso elogio a la herencia K
Resulta al menos llamativo que se presente como un mérito el paso de Kicillof por un ministerio que dejó una inflación de tres dígitos, atraso cambiario y una brecha que fundió a más de un productor regional. La comparación con el orden macroeconómico actual, con inflación en baja sostenida y superávit fiscal bajo la gestión de Javier Milei, deja mal parado cualquier intento de reivindicar aquella etapa como un antecedente virtuoso.
Sartori se cuidó de aclarar que la visita “no significa un alineamiento”, aunque la construcción de vínculos con referentes nacionales del espacio kirchnerista, en pleno año electoral, difícilmente pueda leerse como un gesto meramente técnico. Misiones, gobernada por el Frente Renovador, viene equilibrando cuidadosamente sus relaciones tanto con la Casa Rosada como con los gobernadores peronistas, en una estrategia que prioriza la obra pública y los recursos por sobre las etiquetas partidarias.
El contraste que incomoda
Lo más interesante del balance oficial fue el intento de contraponer la actitud de Kicillof con la del presidente Milei durante su reciente paso por la provincia. Sartori remarcó la buena predisposición del gobernador bonaerense para reunirse con Hugo Passalacqua, en lo que pareció un dardo hacia la Casa Rosada.
Sin embargo, esa lectura ignora un dato central: mientras el gobierno nacional ordena las cuentas públicas, corta con la emisión monetaria descontrolada y le devuelve previsibilidad a la economía argentina, la provincia de Buenos Aires bajo la administración de Kicillof sigue mostrando un Estado sobredimensionado, inseguridad persistente en el conurbano y un manejo discrecional de la obra pública que beneficia a intendentes del clientelismo peronista antes que a los vecinos.
La gira misionera, en ese sentido, luce más como una foto política que como una gestión con resultados concretos para mostrar en su propio distrito. Basta recorrer los partidos del Gran Buenos Aires para advertir la brecha entre el discurso de “defender a los productores” y la realidad de calles rotas, servicios colapsados y una policía bonaerense que no logra contener el delito.
El rumbo nacional, en las antípodas
Mientras tanto, el rumbo que marca Javier Milei a nivel nacional sigue mostrando señales alentadoras: la inflación mensual continúa en descenso, el superávit fiscal se sostiene mes a mes y el círculo virtuoso de la estabilidad empieza a sentirse en el bolsillo de millones de argentinos, incluidos los productores del norte del país que durante años fueron rehenes de la inflación kirchnerista que hoy algunos, curiosamente, añoran.
La visita de Kicillof a Misiones, lejos de representar un antecedente de gestión exitosa, funciona como un recordatorio de aquello que el electorado decidió dejar atrás en 2023: intervencionismo, atraso cambiario y un Estado que gastaba más de lo que recaudaba.