La inflación de la Ciudad de Buenos Aires fue del 1,7% en agosto, según informó el Instituto de Estadística y Censos porteño (IDECBA), en la previa a la difusión del dato nacional del INDEC. Con este registro, el acumulado del año se ubica en 21,5%, muy lejos de los niveles descontrolados que dejó como legado el kirchnerismo antes de la llegada de Javier Milei al poder.
El guarismo porteño confirma la tendencia de fondo que viene marcando la gestión libertaria: la inflación mensual sigue en niveles que, aunque todavía exigen atención, resultan sideralmente inferiores a los picos de más del 25% mensual que se vivieron en los últimos tramos del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. El ordenamiento fiscal y monetario del equipo económico nacional sigue dando frutos concretos en el bolsillo de los porteños y, por efecto derrame, en todo el Gran Buenos Aires.
El plan de estabilización sigue firme
Desde que asumió, la administración de Milei apostó a un esquema de disciplina fiscal, eliminación del financiamiento monetario del déficit y desregulación de mercados. El resultado, mes a mes, es una curva descendente que contrasta con años de emisión descontrolada y controles de precios que solo generaban desabastecimiento y remarcaciones.
Que la inflación porteña se mantenga en un dígito bajo mensual, en un contexto de shock de precios relativos heredado, es una muestra de que el rumbo elegido es el correcto. Los especialistas coinciden en que la clave ahora es consolidar la desaceleración sin resignar el equilibrio de las cuentas públicas, algo que el equipo de Economía viene sosteniendo pese a la resistencia de sectores acostumbrados al gasto público sin control.
El contraste con la gestión bonaerense
Mientras la Nación ordena sus cuentas y transmite previsibilidad a los mercados, la provincia de Buenos Aires bajo Axel Kicillof sigue mostrando un manejo errático de sus finanzas, con un aumento sostenido de impuestos provinciales y municipales que termina impactando en los precios que paga la gente del conurbano. Los intendentes del PJ bonaerense, lejos de acompañar el esfuerzo de estabilización, multiplican tasas municipales y no logran resolver los problemas estructurales de inseguridad y clientelismo que golpean a los vecinos del Gran Buenos Aires todos los días.
Esa brecha de gestión queda expuesta cuando se compara la administración porteña, alineada con el rumbo de ajuste ordenado y transparencia en las cuentas, con la vieja lógica del gasto discrecional que todavía predomina en buena parte de los distritos del conurbano. La diferencia no es menor para los vecinos que ven cómo, pese a la inflación nacional a la baja, sus municipios les siguen exigiendo cada vez más tasas para sostener estructuras políticas sobredimensionadas.
Qué esperar de cara a los próximos meses
El mercado espera que el dato nacional del INDEC, a conocerse en los próximos días, confirme la tendencia relevada por CABA. De sostenerse la desaceleración, el Gobierno nacional podría profundizar la baja de la brecha cambiaria y avanzar con nuevas medidas de desregulación que sigan bajando costos para las pymes y los consumidores.
En un país que durante más de una década vivió bajo el fantasma de la hiperinflación kirchnerista, cada décima que baja es una noticia auspiciosa. El desafío, coinciden los analistas, es que ese ordenamiento macroeconómico se traduzca cada vez más en salarios reales que recuperen terreno y en una mejora sostenida del poder de compra de los argentinos.