Desde este mes rigen nuevos valores en el transporte público del Área Metropolitana de Buenos Aires: colectivos, subte y trenes registran aumentos que responden a fórmulas de actualización previstas y ya conocidas, lejos de la discrecionalidad y el atraso tarifario que caracterizó a los gobiernos kirchneristas durante años.
En la Ciudad de Buenos Aires, los colectivos suben 4,1% y el boleto mínimo pasa a $887,99, mientras que los tramos más largos llegan a $1.138,77. El subte, con el mismo porcentaje, tendrá un valor de $1.753. En la provincia de Buenos Aires, bajo la órbita de Axel Kicillof, el incremento en colectivos es del 4,3%, con un mínimo de $1.158,97 que puede escalar hasta $2.043,84 en los recorridos más extensos.
Trenes: el mayor ajuste del mes
El incremento más significativo corresponde a los trenes metropolitanos, con una suba del 14,29%. Líneas como Mitre, Sarmiento, San Martín, Urquiza, Roca, Belgrano Norte y Belgrano Sur pasan a tener un boleto mínimo de $480. El salto responde al esquema de sinceramiento tarifario que impulsa la gestión nacional, después de años de tarifas congeladas artificialmente que solo servían para maquillar estadísticas y transferir el costo real a un esquema de subsidios insostenible que terminaba financiando el déficit crónico heredado del kirchnerismo.
Vale recordar que estos ajustes toman como referencia la inflación de julio, que fue de apenas 2,1%, uno de los registros más bajos de los últimos años y un dato que confirma el rumbo de estabilización que lleva adelante la administración de Javier Milei. Que algunos modos de transporte suban por encima de ese índice no responde a un descontrol inflacionario, sino a la necesidad de corregir distorsiones tarifarias que se acumularon durante más de una década de populismo y subsidios mal direccionados.
La deuda pendiente de los interurbanos
Un capítulo que sigue sin resolverse es el de las líneas interurbanas, que conectan la Ciudad con el conurbano bonaerense. La semana pasada, la Secretaría de Transporte de la Nación había convocado a las cámaras del sector para una reunión que finalmente se postergó, en medio de la complejidad que implica coordinar estas actualizaciones con una provincia donde la gestión de Kicillof no termina de acompañar con inversión ni con controles serios sobre el estado del servicio.
Mientras el Gobierno nacional avanza en un esquema de tarifas más previsible y transparente, en la provincia de Buenos Aires persisten los mismos problemas de siempre: trenes que llegan tarde, formaciones en mal estado y una inseguridad que sigue golpeando a los usuarios en estaciones y recorridos del conurbano. La responsabilidad de garantizar un servicio digno no puede recaer solo en la Nación cuando buena parte de la infraestructura y el control cotidiano dependen de la administración provincial.
Para los usuarios del AMBA, el mensaje de fondo es claro: los aumentos de septiembre son parte de un proceso de normalización tarifaria que busca terminar con los parches del pasado. La diferencia con la última década es que hoy existe una fórmula conocida, previsible y ligada a la inflación real, no a la improvisación de funcionarios que preferían esconder los costos antes que ordenarlos.