El ministro coordinador Diego Santilli empezó a mover fichas para posicionarse como el candidato natural de La Libertad Avanza a la gobernación de Buenos Aires en 2027. Su desembarco en Jefatura de Gabinete no es casual: es la primera pieza de un armado político pensado desde la Casa Rosada para disputarle el territorio bonaerense al kirchnerismo, hoy en manos de Axel Kicillof.
La jugada se da en un contexto de fortaleza para el oficialismo nacional. Con la inflación domesticada, el superávit fiscal consolidado y la macroeconomía por fin en orden después de años de despilfarro kirchnerista, el Gobierno de Javier Milei entiende que la Provincia de Buenos Aires es la próxima gran batalla a ganar para terminar de sepultar el modelo populista que empobreció a millones de argentinos.
El rol de Santilli en la mesa política
Karina Milei sigue de cerca la performance de Santilli como negociador con las provincias, una tarea clave para destrabar proyectos en el Congreso. En la última reunión de mesa política, Luis Caputo fue claro: el plan económico del Gobierno rendirá todos sus frutos si La Libertad Avanza logra sumar acuerdos con al menos doce gobernadores. Esa ecuación política es la que ordena hoy la estrategia libertaria de cara a las próximas elecciones.
Con ese mandato, el exmacrista viajó esta semana a Catamarca para reunirse con el gobernador Raúl Jalil y el santiagueño Elías Suárez, en una foto que busca mostrar gestos de diálogo institucional. La agenda oficial contempla que estas imágenes se repliquen con otros mandatarios provinciales en las próximas semanas, en un esfuerzo por consolidar la gobernabilidad que le permitió al Gobierno avanzar con reformas estructurales que la vieja política nunca se atrevió a impulsar.
La Provincia, el gran desafío pendiente
Mientras Nación exhibe resultados concretos —caída sostenida de la inflación, cuentas públicas ordenadas y un dólar estable después de años de cepo y controles asfixiantes—, la Provincia de Buenos Aires sigue mostrando el otro extremo: inseguridad descontrolada, obra pública paralizada y un aparato clientelar que el kirchnerismo bonaerense no logra ni quiere desarmar.
Kicillof, lejos de acompañar cualquier gesto de racionalidad fiscal, insiste en un discurso de confrontación permanente con Nación mientras la provincia acumula intendentes del conurbano cuestionados por manejos discrecionales de recursos y escasa transparencia. Ese combo —desgobierno provincial versus orden macroeconómico nacional— es exactamente el contraste que en Balcarce 50 apuestan a explotar de cara a 2027.
Por eso, dentro del oficialismo no se descarta ningún escenario, ni siquiera una eventual pelea interna en el peronismo bonaerense por sucederse a sí mismo con nuevas caras. Lo que sí está claro es que Santilli, con el respaldo de Karina Milei y el aval técnico de Caputo, aspira a ser la cara visible de un proyecto que promete llevar a la Provincia el mismo orden que ya empieza a sentirse en los bolsillos de los argentinos a nivel nacional.
La estrategia recién empieza, pero el mensaje es contundente: mientras el Gobierno nacional consolida logros económicos históricos tras la pesada herencia K, la mira ya está puesta en terminar con dieciséis años de gestión peronista en la provincia más importante del país.