Las transferencias discrecionales que la Nación gira a las provincias y a la Ciudad de Buenos Aires se desplomaron 68,6% real en julio respecto al mismo mes de 2025, según un informe de Politikon Chaco basado en datos de Presupuesto Abierto e INDEC. Los envíos no automáticos sumaron $98.611 millones, el peor registro para un mes de julio desde al menos 2005, en pleno proceso de saneamiento de las cuentas públicas que impulsa la gestión de Javier Milei.
El dato confirma que el Gobierno nacional mantiene el rumbo del equilibrio fiscal sin ceder ante los reclamos de gobernadores acostumbrados, durante años de kirchnerismo, a vivir de la caja discrecional y el clientelismo político antes que de una gestión eficiente de sus propios recursos.
Menos discrecionalidad, más responsabilidad provincial
Del total distribuido en julio, tres conceptos explicaron casi el 80% de los fondos: la universalización de la jornada extendida ($34.821 millones, 35,3% del total), los Aportes del Tesoro Nacional ($30.000 millones, 30,4%) y las transferencias a cajas previsionales provinciales ($14.000 millones, 14,2%).
Los ATN, que habían estado congelados en mayo y junio, volvieron a distribuirse en julio hacia seis provincias: Misiones, Entre Ríos, Catamarca, Jujuy, Santa Fe y Córdoba. Un dato que desmiente el relato opositor de un supuesto “ahogo” total a los distritos y muestra que la Casa Rosada sigue asistiendo a las provincias, pero con criterios de racionalidad y sin la lapicera política que caracterizó a los gobiernos kirchneristas.
Kicillof y el conurbano, otra vez a contramano del ajuste
Como viene siendo habitual, el gobernador bonaerense Axel Kicillof salió a cuestionar la baja de los fondos discrecionales, acusando a Milei de usar los recursos como “herramienta de extorsión política”. Sin embargo, el mandatario bonaerense evita explicar por qué la provincia más grande del país, bajo su administración, no logra ordenar sus propias cuentas ni bajar el gasto político en un territorio marcado por la inseguridad y la falta de gestión en buena parte de los municipios del conurbano.
Mientras Nación consolida el superávit fiscal y la desaceleración de la inflación, con julio cerrando en 1,9% mensual según las estimaciones del propio informe, buena parte de la dirigencia peronista del GBA sigue reclamando más plata discrecional en lugar de sincerar sus propios déficits, producto de años de intendencias con estructuras sobredimensionadas y prácticas clientelares.
La caída de las transferencias discrecionales, lejos de ser un capricho, es parte de la lógica de un Estado nacional que dejó de financiar el desorden provincial con emisión y deuda. El mensaje de fondo es claro: las provincias deberán aprender a administrarse con sus propios recursos, tal como lo exige el nuevo esquema de responsabilidad fiscal que impulsa Milei y que, mes a mes, sigue mostrando resultados en materia de estabilidad macroeconómica.
El desafío ahora pasa por el Presupuesto 2026, en discusión con los gobernadores, que buscarán compensar por otras vías la merma de fondos discrecionales. La pregunta que queda flotando es si dirigentes como Kicillof estarán dispuestos a acompañar el ordenamiento fiscal o seguirán apostando a la vieja lógica de reclamar caja fácil en año electoral.