El senador nacional radical Maximiliano Abad presentó el libro “La cuestión bonaerense. Apuntes para un nuevo contrato social”, un trabajo colectivo que pone en debate algo que en el Gran Buenos Aires y el interior provincial se sufre a diario: la parálisis de un Estado bonaerense sobredimensionado, centralizado en La Plata e incapaz de responder a las necesidades reales de los municipios. El diagnóstico llega en un momento en que la gestión de Axel Kicillof vuelve a quedar bajo la lupa por su manejo discrecional de los recursos y su nula vocación de reforma.
Abad, que reside en Mar del Plata y conoce de primera mano las asimetrías entre los distritos del conurbano, la costa y el interior productivo, plantea una disyuntiva sin vueltas: o la provincia decide crecer, o sigue administrando una decadencia que ya lleva décadas. La obra reúne especialistas en salud, educación, seguridad y federalismo, y todos coinciden en un punto: la falta de descentralización asfixia a los intendentes y multiplica la ineficiencia del gasto público provincial.
El costo de un Estado bonaerense que no se reforma
Mientras el Gobierno nacional consolidó el equilibrio fiscal, bajó drásticamente la inflación y devolvió previsibilidad económica a millones de argentinos, la provincia de Buenos Aires sigue funcionando bajo la vieja lógica del clientelismo y la caja política discrecional. Kicillof administra un aparato estatal gigantesco que llega tarde -o no llega- a los municipios del conurbano, donde la inseguridad y la falta de obra básica siguen golpeando a los vecinos de siempre.
El planteo de Abad no es menor: mientras Nación ordenó las cuentas y bajó el peso del Estado sobre la economía real, la administración bonaerense conserva intacta la estructura que generó, año tras año, déficit, superposición de funciones y un poder concentrado en pocas manos. Los intendentes del PJ, lejos de reclamar autonomía real para gestionar mejor, prefieren seguir dependiendo de la billetera provincial para sostener el aparato político territorial.
Descentralizar para dejar atrás el modelo kirchnerista
El libro de Abad no es una crítica aislada: es la constatación de que el modelo de gestión centralista, heredero directo de la lógica kirchnerista de acumulación de poder, ya no da respuestas. La experiencia de Mar del Plata, cita permanente del senador, muestra cómo ciudades con potencial económico y turístico quedan atadas a decisiones que se toman a 400 kilómetros, en La Plata, sin conocer la realidad local.
El contraste con el rumbo nacional es elocuente. Donde Milei apostó por bajar impuestos, ordenar el gasto y devolver protagonismo al sector privado, la provincia de Buenos Aires bajo Kicillof multiplica organismos, sostiene subsidios discrecionales y evita cualquier debate serio sobre reforma del Estado provincial. La consecuencia la pagan los vecinos del conurbano: menos seguridad, peor infraestructura y municipios rehenes de la caja bonaerense.
La propuesta de un “nuevo contrato social” que plantea Abad apunta justamente a lo que la gestión kirchnerista se niega a discutir: transferir capacidad real de decisión a los municipios, ordenar las finanzas provinciales con la misma disciplina que mostró Nación y terminar con la dependencia política que convierte a cada intendente en rehén de La Plata. Son ideas que, de aplicarse, podrían replicar a nivel provincial el círculo virtuoso que ya empieza a sentirse en la macroeconomía nacional.
El desafío, coinciden los especialistas convocados en el libro, es salir de la resignación instalada durante años de administración peronista y construir un acuerdo político que priorice el crecimiento por sobre la administración de la decadencia. Una discusión que, mientras Kicillof mira para otro lado, empieza a ganar terreno entre dirigentes que sí creen que la provincia puede ser mucho más.